Nadalandia – una fábula teatral

 

nadalandia portada

// Por Lola Castets

Cómo hacemos para llenar los lugares en donde antes había nada, le dice Ángela a su hermana Maby, que viene de visita. El interrogante cruza la obra y vuelve: ¿qué hacemos con la nada? ¿cómo interactuamos con esa masa que nos une y nos vincula? Las hermanas esgrimen una respuesta: la nada se llena con experiencias.

Ángela vive en Nadalandia, en la antigua casa de sus padres. El lugar se representa geográficamente como un mar inmenso en el que, claramente, hay nada. Desde las oníricas tierras de Sugarland, llega Maby –ex Mabel- a visitarla. En la tensión entre querer venir e irse, la viajera siente rechazo por ese lugar, y donde su hermana pierde el tiempo esperando ver crecer a los tomates de la huerta. Por eso, Maby, cuando toma coraje, llega al páramo deprimente donde vive su hermana. Ella, que se desplaza en cintas eléctricas ultraveloces y consume productos de publicidad que la tranquilizan y la poseen como en una película de terror, no entiende cómo se hace para esperar tanto. Ni tampoco entiende qué hay que esperar. Qué cosas merecen ser esperadas.

alegria color

En Sugarland la idea de “espera” se desconoce. Nadie sabe qué hacer con el tiempo. La obra oscila entre estos dos lugares: la aceleración de una sociedad ultramoderna con promesas de entretenimiento continuo y un regreso utópico a las raíces del tiempo detenido. Ambos espacios están construidos de manera exacerbada, de manera tal que el espectador no logra empatizar con ninguno de los dos. El hallazgo de la obra es, precisamente, dejar suspendido el juicio sobre ambos personajes. Ni la calma romántica de cultivar tomates, ni la alienación exagerada del futuro distópico. En un naturalismo del siglo XXI, el medio determina la persona; mientras que Ángela es nostálgica y calmada, Mabel habla siempre con palabras de los otros: voz de locutora, labios fucsias y carnosos de maquillaje desmesurado. Nada y todo. En este contrapunto, ambas se exhiben como son. Y, al final, esa distancia que las separa se acorta. Gracias a las experiencias vividas, a los recuerdos de un pasado común. Con una promesa de nunca volver a verse, pero sabiendo que nunca dejan de extrañarse. En este movimiento, la obra se vuelve universal: la familia trasciende las distancias y los paradigmas. Y a esos lugares no se puede dejar de volver. Siempre distintas. Como el río que no es dos veces el mismo, Maby y Ángela encuentran en la fluidez de la vida, una constante que no las deja separarse.

Nadalandia se presenta los viernes de julio a las 23 hs. en Espacio Polonia (Fitz Roy 1477).

Sofía González Echeverría como Maby

Valeria Pérez Fuchs como Ángela

Escrita, dirigida y producida por Valeria Pérez Fuchs

collage maby angela

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