Que el fascismo no tape el bosque. La izquierda y el Brexit

// Por Lucas Malaspina – @thebadthorn

El primer ministro británico, David Cameron, presentó su renuncia, en medio de una guerra interna en sus filas, el partido conservador (tories). Es que el Brexit se im13501556_10154372057258825_4688798633128786973_npuso en el referéndum del día de ayer, por 51% a 49%, cuando todo indicaba que sería derrotado 55% a 45%. Pasaron muy pocos días del asesinato de Jo Cox, diputada laborista muy activa en la defensa de los inmigrantes, a manos de un fascista favorable al Brexit. En un clima caldeado, Nigel Farage, líder de UKIP (un partido ‘euroescéptico’ de ultra-derecha, xenófobo y racista), buscó darle épica libertadora a la salida de la Unión Europea al señalar la fecha de la histórica votación será “el día de la independencia del Reino Unido”. El panorama no parece alentador, pero aunque Jeremy Corbyn, el nuevo presidente del Labour, no los acompañó, sectores provenientes del laborismo y del trotskismo, decidieron aglutinarse en Lexit, un intento de salir (de la UE), pero por izquierda.

Una “Santa Alianza” por el Remain

El asesinato de Jo Cox ha facilitado que, sobre el final de la campaña que se desarrolló en el Reino Unido, se haya teñido (al menos en los medios), de manera68712_2_636017170046077391w-696x425 unilateral, a la postura pro-salida de la UE, de un halo conservador y reaccionario. Del otro lado, prestigió a los enemigos del Brexit con las mantas ya andrajosas de la democracia. Se conformó así una “Santa Alianza” por el Remain. Desde Cameron, que seguirá en funciones por tres meses más, hasta Corbyn -la sensación del progresismo en esas tierras- llamaron a votar por la permanencia.

El bloque por la permanencia incluyó a Tony Blair, uno de los principales enemigos de Corbyn en la interna laborista, co-equiper de Bush en las invasiones a Irak y Afganistán. Blair, hay que decirlo, es el referente del “nuevo laborismo” (o Tercera Vía), cuya magia consistió en adaptar -cual un riojano de más acá- un partido asociado a la protección de los obreros a las necesidades de la ofensiva del capital contra el Welfare State. Una coincidencia incómoda.

Lexit: una izquierda en la ruptura con la UE

Es cierto que el sostén más visible entre quienes impulsaron el Brexit lo aportaron el UKIP, el partido de Nigel Farage, y el menos espectacular Boris Johnson, ex alcalde londinense con posibilidades de reemplazar a Cameron. Pero sólo el racismo y sus posiciones anti-inmigrantes le permitieron a Farage (que nunca logró ser electo diputado) adquirir un rol trascendental: también centró su discurso contra “el establishment”, algo efectivo puesto que las cabezas de todos los partidos tradicionales hicieron campaña por la permanencia. Los planteos contra “la casta política” están a la orden del día, acicateados por la crisis, y no parecen reconocer izquierda o derecha.

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El olfato de este clima podría haber reforzado la definición de un sector de la izquierda en su postura de romper con la UE, so pena de quedar diluidos en las vomitivas apelaciones xenófobas de la UKIP. Lexit fue impulsado por el sindicato único del transporte RMT (Rail, Maritime and Transport), uno de los principales miembros del Labour Representation Committee (LRC), un grupo de presión sindical dentro del laborismo, que se autodenomina socialista, y al cual pertenece el propio Jeremy Corbyn. En Lexit también participa el Socialist Workers Party (SWP), una corriente anticapitalista (que rompió con Trotsky por sus análisis sobre la URSS) y en la cual milita el intelectual Alex Callinicos. El SWP encabezó la influyente campaña “Stop the War Coalition” contra las aventuras bélicas de Tony Blair, integrada por el propio Corbyn. Lexit incluyó también al Communist Party of Great Britain (CPGB), el colectivo Counterfire, y organizaciones de defensa de los inmigrantes como el Indian Workers Association (IWA) y el Bangladeshi Workers Council (BWC). El planteo de Lexit fue propulsado por figuras como Tariq Alí, redactor en la mítica New Left Review, conductor de un programa de TV en TeleSur en inglés, y a su vez estrecho colaborador de Corbyn. Fuera de la plataforma Lexit, también hizo campaña por la salida el trotskista Socialist Party, una corriente que hizo ‘entrismo’ en el laborismo (bajo el nombre de ‘Militant Tendency’) hasta 1991; llegaron a dominar la juventud laborista y a ganar la intendencia de Liverpool (la referente más conocida de este sector del trotskismo está en EE.UU. y es la concejal socialista de Seattle, Kshama Sawant).

En un comunicado del día de hoy, Lexit dice: “El voto por la salida es por encima de todo un rechazo de toda la clase política por millones de personas de la clase trabajadora que han sufrido la austeridad durante décadas con pocos defensores entre los partidos mayoritarios”. Allí también respondieron a la izquierda ‘eurófila’ que los acusó de ir a la rastra del fascista Farage, al plantear que “esto podría haber sido una gran cruzada laborista si este partido se hubiera puesto a la cabeza del rechazo de la clase obrera, pero los blairistas forzaron a Jeremy Corbyn a abandonar su larga oposición a la UE”. Si bien la declaración destila ‘montonerismo’ (una ‘teoría del cerco’ a la british), no deja de tener sentido.

Los dilemas de una izquierda adicta a Maastricht

En realidad, el consenso europeísta, lejos de cualquier pacifismo, exhibe la vocación de fe pro-imperialista de los partidos tradicionales, que temen que la salida de la UE golpee la ya frágil estabilidad del régimen político británico. Algunos sectores manifiestan que Lexit es un aporte al fortalecimiento de la UKIP, pero parecen olvidar que “casi 17 millones de personas votaron salirse, pero sólo 3,8 millones votaron por UKIP en la última elección”.

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En realidad, el fascismo es el recurso para gobernar que utilizará el capital financiero si, como está ocurriendo en toda Europa, los partidos de la izquierda se siguen empeñando en imitar los modos (y los contenidos) de la derecha. En la campaña, la izquierda “eurófila” usó el argumento de que la UE daba un marco para que si los fascistas estuviesen en el poder, no pudieran echar a los inmigrantes. Tarde: la UE acordó a principios de este año con Turquía enviar a ese país “a todo extranjero que llegue ilegalmente a las costas griegas, incluso a los sirios” (El País, 8/3). A los refugiados se los defiende en la calle y eso es lo que han hecho siempre los integrantes de Lexit.

El Brexit es un golpe al capital financiero y a la troika, y eso es lo que la izquierda británica debe interpretar. La ‘eurofilia’ fue el cáncer que devoró las esperanzas en Syriza, y este problema ya se exhibe muy claramente en Podemos. En los análisis sobre esta cuestión no pueden igualarse las causas a las consecuencias. El auge del fascismo es producto, también, de la debacle de una “izquierda”, que por más radical que diga ser, no se plantea romper con el sistema, ni con sus símbolos. Por eso, la rabia contra el sistema crece, en forma de una derecha nacionalista, que por ejemplo, en Francia, ha logrado arrancarle bastiones electorales históricos a los partidos socialista y comunista. ¿Alguien puede creer que entre los millones de obreros en huelga en Francia no hay una enorme masa de votantes de Marine Le Pen?

Ukip rally in Edinburgh

Un referente histórico de la izquierda laborista, Tony Benn señaló: “La UE tiene la única constitución del mundo que se compromete con el capitalismo… que niega la perspectiva del socialismo en cualquier lugar de Europa, por lo que el capitalismo un requisito constitucional para participar de ella”. Ése era el punto de vista de Corbyn, que decidió mudar guiado por unas encuestas que decían que iba a pasar lo que no pasó. Pero eso mismo fue lo que condicionó la victoria de Tsipras, que decía oponerse al memorándum, pero no quería romper con la troika entre la cual revista la UE. A veces, lo que parece un atajo al gobierno propio no es más que una domesticación de uno mismo a manos de poderes extraños. Los Amanecer Dorado, Marine Le Pen, o en este caso, Farage de la UKIP, son hijos de la impotencia de la izquierda europea y de su adicción a Maastricht. Uno de los lemas del Lexit es: “Another Europe is possible, another EU is not”.

Detrás del Brexit: cambio de época

No está claro si con su apuesta Lexit ha ganado algo, pero los resultados por región muestran que tenían su punto a favor: en contraste con Londres, capital financiera si las hay, en el resto de Inglaterra localidades de tradición obrera y puertos pesqueros, como Sunderland (donde el resultado favorable al Brexit alcanzó un sorprendente 61%) y en menor medida Newcastle, dieron un rotundo ‘no’ al statu quo, tras más de 40 años de lazos con la UE.

Es difícil comprenderlo para gente que se ha entusiasmado hasta con vestigios del euro-stalinismo, pero desde que estalló la bancarrota capitalista en 2007, la lógica de la situación mundial ha cambiado. La ‘globalización’ fue un auto-engaño que duró poco. Volvieron a arreciar, como en cada crisis de este tipo (aunque nunca se fueron, pero estaban ahí como disimulando su presencia), los golpes de Estado en América Latina, las amenazas de una Tercera Guerra Mundial, la derecha fascista en Europa, los proteccionismos, y sí, todo eso. Procesos que no se presentan de la forma más clásica que podríamos esperar, pero no por ello son menos inexorables. Por eso la izquierda tiene dos opciones… o lamentarse, como el glamoroso ex ministro griego Varoufakis, de que la UE está muriendo, o aceptar la aserción de Farage, que tiene razón, y actuar en consecuencia, con una fisonomía propia, para ofrecer una alternativa.

 

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