Por la razón o por la fuerza

contra reforma laboral

// Por Roberto Amette – @robertoamette

 

Dos semanas antes de que Mauricio Macri vetara la ley de emergencia laboral, el Primer Ministro francés, Manuel Valls, hacía uso de una herramienta constitucional que, al igual que el veto, permite imponer la voluntad del ejecutivo por sobre la del parlamento. Este dato, en sí mismo, no resultaría tan interesante si no fuera por el hecho de que el desconocimiento de los órganos representativos se produjo, en ambos casos, para imponer la voluntad en materia de regulación laboral. Por supuesto, en ambos casos también, la decisión del ejecutivo debilita el poder de los trabajadores y, como si no fueran pocas las coincidencias, tanto Valls como Macri justificaron su decisión en la voluntad de generar puestos de trabajo.

Este ejercicio de fuerza del Ejecutivo francés se da a menos de un año de las elecciones presidenciales de abril de 2017 y en un contexto de fuerte conflicto social encarnado, en su variante más combativa en la CGT y en la más inorgánica a través de Nuit Debout.

Este contexto, sumado a una dispersión de las izquierdas y por qué no también a un replanteo respecto de los actores que ocupan ese espacio, está empujando a la sociedad francesa hacia la derecha. Nuit Debout, más allá de que por el momento permanece sin organización suficiente para disputar poder, aparece como una esperanza para muchos. Con esto en mente, Podemos de España, se percibe como un actor relevante para orientar el camino de los “indignados” franceses y como la esperanza en la construcción de una europa alternativa.

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De espaldas a la “voluntad popular”

Frente a la Asamblea Nacional y después de una reunión del consejo de Ministros, Valls anunció que su gobierno haría uso, por cuarta vez desde que asumiera el cargo en marzo de 2014 -en reemplazo de Jean-Marc Ayrault-, del artículo 49 inciso 3 de la Constitución Francesa.

Dicho artículo regula un instituto inexistente en Argentina aunque con algunos puntos de contacto con los decretos de necesidad y urgencia y con el veto presidencial. En esencia, la norma faculta al Primer Ministro a dar por aprobada una ley en la Asamblea sin los votos de este órgano.

En términos prácticos, el Primer Ministro se presenta ante el órgano legislativo y le informa que hará uso del artículo 49.3. A partir de ese momento se abre la única posibilidad de la Asamblea de bloquear esa utilización: debe presentarse una moción de censura dentro de las 24 hs. que necesita el respaldo de la mayoría de la Asamblea, es decir, 288 diputados. De ser aprobada esta moción el Gobierno se disuelve.

En el caso, la moción de censura no obtuvo los votos necesarios por lo que el proyecto se dio por aprobado en la asamblea y paso directamente a tratamiento del Senado. El Gobierno de Valls mostró su determinación para obtener la aprobación de la ley, incluso en oposición al órgano más representativo de la voluntad popular.

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La Ley El Khomri

Hija de un comerciante marroquí y una profesora de inglés bretona, la joven Myriam el Khomri (38) reemplazó en el Ministerio de Trabajo al actual alcalde de Dijon, François Rebsamen, en septiembre 2015. Poco tiempo después la nueva ministra presentó ante la Asamblea Nacional el proyecto de reforma laboral por el que será recordada su gestión.

De un marcado corte neoliberal, el proyecto de ley “El Khomri” modifica de manera relevante el muy protectorio derecho laboral francés. Por un lado, se prevén modificaciones en la jornada de trabajo. El proyecto pretende aumentarla de 10 a 12 horas siempre y cuando este aumento se produzca como consecuencia del crecimiento en la producción de la empresa o en motivos de organización.

En el mismo sentido, del máximo actual de 48 horas de trabajo semanales, de aprobarse el proyecto, se pasará a 60 siempre y cuando lo justifiquen circunstancias excepcionales propias de la empresa.

El proyecto  impone techos indemnizatorios a los despidos abusivos. Este tipo de despidos no cuenta actualmente con una tasación legal, lo que permite a los consejos paritarios (tribunales integrados por jueces no profesionales representantes de los trabajadores y de los empleadores encargados de resolver litigios en el marco de contratos de trabajo) disponer libremente de los montos indemnizatorios.

El artículo 2, “corazón de la filosofía del proyecto” según Valls, invierte la jerarquía de las normas del derecho laboral francés dando privilegio, en cuanto a la negociación de horas de trabajo, a los acuerdos de empresa por sobre los acuerdos de rama aún cuando estos últimos sean más favorables.

Es este artículo el núcleo del reclamo de los sindicatos quienes, desde hace más de una semana, llevan adelante distintas medidas de fuerza -reducción en el suministro de combustible, cortes en el servicio de trenes, entre otras- que lejos de hacer recular al Gobierno refuerzan el conflicto.

La reacción del Primer Ministro a los cortes en el aprovisionamiento de combustible fue tajante. Ante la Asamblea nacional manifestó que “no es CGT la encargada de dictar las leyes en Francia (…) no se retirará ni se reevaluará el artículo 2 del proyecto, porque es el corazón de la filosofía del texto”.

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El futuro del Conflicto

No es posible saber, por el momento, el modo en que concluirá esta disputa. Es probable que el texto sea aprobado gracias a los enormes esfuerzos que la administración Valls, con pleno apoyo de Hollande, está haciendo por la causa.

Sea cual fuera el resultado, lo más preocupante es que las políticas neoliberales de flexibilización laboral están siendo llevadas adelante por un gobierno socialista. En este contexto los escenarios que pueden plantearse en un futuro no resultan esperanzadores.

De acuerdo con las últimas encuestas, François Hollande, quien lanzó su candidatura presidencial bajo el slogan “vamos mejor”, tiene una intención de voto menor al 15% que lo dejaría afuera en primera vuelta.

Jean Luc Mélenchon, de una izquierda antineoliberal, ecologista y promotora de una salida de la Unión Europea, -que se lanzó por fuera de los grandes partidos de izquierda bajo el lema Francia Insumisa-, alcanza una intención de voto de 12%.

De sostenerse, esta combinación encerrará a los franceses en una segunda vuelta entre la derecha neoliberal, posiblemente representada por Alain Juppé (actualmente con una intención de voto del 35%) y la extrema derecha más reaccionaria representada por Jean Marie Le Pen (con una intención de voto del 28%), tal como sucedió en 2002, cuando el balotaje enfrentó a Marine Le Pen y Jacques Chirac.

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Nuit Debout

En el medio de todas estas tensiones, Nuit Debout sigue ocupando un espacio amorfo pero no insignificante en la agenda política. Conscientes de esto, y convencidos de que el proceso iniciado hace 70 días puede seguir un curso similar al de los indignados españoles, Podemos decidió celebrar los dos años de ingreso a la eurocámara (cámara de diputados de la Unión Europea) en París, a unos pocos metros de la Plaza de la República, cuna de los Nuit Debout.

En el bellísimo teatro Dejazet, bajo el lema “De las Plazas a las Instituciones”, varios eurodiputados recordaron el proceso seguido por Podemos en España e incentivaron a los participantes de Nuit Debout a buscar modos de canalizar sus demandas en las instituciones.

Con un discurso fuertemente antineoliberal, la portavoz de Podemos en el Parlamento europeo, Tania González, manifestó que son ya dos años de trabajo en “contra de los dictados de la de austeridad que no solamente se ha visto que son injustos, sino que está demostrado también que son ineficaces”.

Este acto de Podemos parece tener un doble objetivo. Por un lado, apoyar a Nuit Debout y promover su acceso a las instituciones para concretar sus reclamos. Por el otro, contribuir en el tejido de una red antineoliberal que, de mínima, ponga límites a la ortodoxia de Bruselas y, de máxima, permita construir una Unión Europea social, solidaria y colectiva.

La suerte de Podemos en las próximas elecciones puede alterar la realidad política francesa. En un programa televisivo, Pablo Iglesias, manifestó que de estar al frente del gobierno de España promovería una alianza con Italia y Portugal e intentaría convencer a François Hollande de la necesidad de poner un límite a las políticas de austeridad que le adjudica a la “Sra. Merkel”. Quizás sea el escenario que necesitan los socialistas para abandonar las políticas neoliberales y hacer honor al nombre de su partido. No parece sustentable la idea de sostener un plan de gobierno que de espaldas al pueblo se imponga por la razón o por la fuerza.

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