¿Volvió Babasónicos?

babasonicos_impuesto_de_fe

// Por Antonio Fargas

 

Volvieron los Baba, ¿y vos? La banda cumple 25 años en este 2016 y lo festejan con Desde adentro – Impuesto de fe, un disco grabado en vivo en un escenario 360 que, para más extravagancia, queda en un shopping abandonado de México. La mayor parte de las canciones son reversiones de sus viejas glorias que nos ponen ante la disyuntiva casi instantáneamente: ¿ya están robando o hay algo verdaderamente bueno detrás de esta movida? Como confeso y desequilibrado fanático de la banda he de mostrarme cauteloso.

En rigor, Dárgelos (la voz de la banda) se niega a reconocer que se trate de un festejo por los 25 años, aunque el disco venga acompañado de la reedición de todos los restantes en vinilo (¡Vedette es transparente!) y la publicación próxima de Inflame, álbum con los outtakes de Infame que, ya sabemos, va a venir con joyas ocultas como todos los anteriores lados B. Desde adentro es un formato extraño para la banda. Las presentaciones de Romantisísmico (y aún las últimas de A propósito) incluyeron presentaciones en espacios pequeños con un formato relativamente íntimo, algo no acostumbrado para los asiduos Luna Park que llenan. Pero este material nuevo es un disco en vivo y a la vez un programa de televisión que además se proyectará en algunos cines y tendrá su formato físico. El escenario en 360 grados, donde el público funciona como parte del decorado y los camarógrafos están enmascarados/camuflados, completa un experimento que la discográfica Sony está estrenando con una de las bandas más grandes de América Latina.

babas1

Lo primero que se conoció del disco fue el sencillo Vampi, una verga de proporciones bíblicas que va en línea con el olvidable EP Shambala. No soy de los que se enojan porque no tocan temas viejos; aclamo como el que más todo lo que vino después de Miami y no creo que hayan mermado en calidad ni en autenticidad, pero aquel Shambala (¿Shambala? ¿Es una banda de cumbia cheta? Antes inventaban palabras como Coralcaraza, ¿qué pasó?) rayó la burla, el más autocomplaciente autorrobo y una hilacha que empezó a notarse. Un segundo de ese tipo de temas y uno sabe cómo terminan: las guitarritas agudas de Roger, los doscientos efectos de Uma llenando el vacío, la voz empalagosa de Adrián y una letra de amor sin filo con dos o tres golpes de efecto de esos que le salen tan bien a nuestro barroco poeta de Lanús, ciudad y ghetto.

Y cuando ya perdíamos un poquito las esperanzas, salen con un disco en vivo de reversiones. Es verdad que a priori parece un proyecto poco original. Fue una idea de Sony, cómo no: por qué no hacen un acústico reversionando canciones. La anquilosada mente de un ejecutivo de Sony se vino, entonces, con una idea cuyo pico fue alcanzado en los 90 y que, de nuevo a priori, poco tiene para dar a la mejor banda de rock nacional en actividad (vengan de a uno). Me dan escalofríos de imaginar a los Baba sentaditos con velas y tonos cálidos atrás como ya hicieron Nirvana, Charly García y Café Tacvba hace más de 15 años. Por suerte decidieron hacer algo diferente, y satisfacer al mismo tiempo la vieja demanda de los fanáticos que corean Natural o Sobre la hierba en el intervalo antes de los bises de cada show.

Sobre el contrato con Sony: ir a México cada dos meses debe estar bueno para ellos y para cualquiera. Asumo que eso estaba en el contrato que firmaron con la filial mexicana de Sony antes de Romantisísmico, cuando no eran ya unos pibes para exprimir, como en su primer paso por Sony, sino una banda que podía plantarse de otra manera ante una discográfica monstruosa y sacarle viajes y producción. Pero si  podían plantar mejor sus exigencias: ¿por qué no grabaron acá el disco? ¿No pueden tocar más seguido en Argentina? En 2015 no hicieron un solo show propio en Capital Federal (sólo puchitos en festivales) y se despacharon con una larga gira mexicana. Todo bien con México, qué belleza que hayan adoptado a los Baba, pero tampoco descuidemos al fiel espectador argentino.

El disco, al fin, tiene 16 canciones que, contando los pedazos que usan en los medleys, suman 18 reversiones y dos nuevas, cal y arena: la horrenda y olvidable Vampi y El maestro, un temón digno de Mucho o de Anoche que además contiene el título del disco. El llamado “medley del desierto”, que junta Zumba, Yoli, Viva Satana y La Roncha, es uno de los puntos altos del disco, tanto para los nostálgicos como para los otros. Respecto de la nostalgia, hay un guiño a sus shows de antaño con una nueva versión de Natural, joya olvidada de aquel frenético Pasto. Cuenta Adrián que, cuando no había tiempo para probar sonido, la banda usaba el primer tema para eso. Y el elegido era este, Natural, en una versión chill-out, muy zapada, cuyo ritmo reposado servía al sonidista para ir ajustando tornillos. En este 2016 donde ningún detalle está librado al azar, los Baba han rescatado sus tiempos de amateurismo.

Para terminar la ficha técnica, otro punto alto: las reconstrucciones radicales de Puesto y Putita, dos temas insignia que los llevaron por todas las radios y hoy los vuelve a dejar bien parados. Pero lo mejor, en la opinión de este servidor, es la versión modelo 2016 de Los calientes, un tema que, si bien es a prueba de balas y seguirá sonando entre las ruinas humeantes de todo lo conocido -como ya lo hizo en 2001/2-, alcanzó nuevos ribetes de perfección con un vibráfono a cuatro manos ejecutado por un sonriente Uma y un concentrado Panza que al instante corre a la batería para dar el toque dance (¿llega o no llega?) y fusionar con Smalltown boy. Ahí sí, no hay dudas: ahí están los pibes.

dargelos

Hablando del vibráfono, señalemos toda la instrumentación, un elemento clave de la nueva apuesta: todo lo que suena está ahí, gracias a los comodines Carca y Uma, verdaderos productores sobre el escenario que van del xilofón al theremin y llegan a una polémica apuesta con el uso de un ¡saxofón! en Yegua, experimento del que Uma vuelve a salir airoso. Punto aparte para otras innovaciones: las pequeñas incorporaciones líricas en Yoli y La roncha, así como los cambios en las melodías de voz y los coros de Uma, siempre llenando con calidad y estirando un poco más los límites de lo que puede hacerse.

Pues bien: sale eléctrico, entra acústico; sale estadio, entra teatro; salen temas nuevos, entran reversiones. ¿Es que los gloriosos Babasónicos se han ablandado? ¿Es que ha llegado el temido punto de aburguesamiento donde se vive de glorias pasadas y de las bondades de la industria? ¿Será que deberemos acostumbrarnos a esta versión más íntima y elaborada, pero también más reposada y efectista? Al parecer no. Según Dárgelos, este formato se clausura con la gira del disco y vuelven a los viejos y queridos estadios. Y las reversiones son un lindo remanso, una bella calma permitida a una de las bandas más prolíficas del país, antes de que se lancen con un disco realmente nuevo (también confirmado por Dárgelos para dentro de uno o dos años). Así que bailaremos distraídos, y daremos las vivas correspondientes en el teatro Ópera, mientras miramos de reojo el calendario esperando Inflame y, más aún, un disco verdaderamente nuevo. Babasónicos tiene un changüí y los vamos a seguir hasta donde sea porque son un estado en la mente.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s