Gracias por ser como sos

larreta en bici

// Por Lola Castets

 

22.32 marcaba el reloj cuando empezó el cumpleaños de quince de Marcelo.

Llegó primero Frank Underwood, con un trabajo de edición bastante improvisado para el nivel al que nos tiene acostumbrados el anfitrión. Pixelado y con un desfasaje entre imagen y sonido notablemente marcado –error que atravesó casi toda la producción- hizo un par de chistes asentados en la marca registrada del personaje.

Si algo nos enseñó Marcelo, es que el orden no altera el producto: después de Frank, vino su hija Candelaria ultratatuada y muerta en vida a cantarnos a todos y a mostrarnos, paradójicamente, que en tiempos de meritocracia ella no puede ni quiere.

La versión jazz del tema de RombaiMarama, que pretendía refinar la canción de cumbia cheta original, acompañado luego del remix de Xuxa en compás de tango nos advierte que estamos en un lugar donde todo va con todo, una especie de bricolaje espantoso.

candelaria

Estetistas del buen gusto, alejaos. Lo que vamos a ver es una contaminación visual notable, donde solo importa que se vea algo, que se ostente. Ningún fundamento rige en este collage.

Y apareció también la ex Patito Feo en su homenaje a Prince, David Bowie y Freddie Mercury –que alguien avise en producción que murió hace veinticinco años-. Excusa nuevamente para exhibir el ultramoderno diseño de luces y el lujo vocal de la intérprete.

Ya estábamos empalagados de tanto rococó, y llegó Pampita bailando enfundada en un traje de red en la villa 31. Aparecen los raperos, obviamente villeros, que no son maleantes sino que hacen arte. La villa no va al estudio, pero el 13 sí va a la villa.

pampita en la villa

Pampita aprovecha la ocasión para bailar Beyoncé desenfrenada y después murga con los chicos a los que, por esta vez y afortunadamente, no los reprimieron con balas de goma. Los pobres tienen música y son felices. Gracias Marcelo por el gesto. Los espectadores, con el imaginario del Carnaval presente, te lo agradecemos.

Se suceden números de musicales locales e internacionales, donde el playback se destaca sobre los artistas en la escena. Cirque du Soleil, Drácula, Mora Godoy que baila por los aires. ¿Es necesario? ¿Para quién y por qué? Siempre que terminan las fiestas de Marcelo me quedo pensando lo mismo ¿quién paga los platos rotos del menjunje? No quiero olvidarme de los mil setecientos bailarines que cortaron calle Corrientes e interrumpieron el tránsito (sí, viejo argumento reaccionario en el que importan menos los piquetes que la vuelta del Número Uno a la TV). De nuevo pienso: es más obsceno el baile en la villa que Cintia Fernández desnuda censurada por el Comfer. Aparece sí, Marcelo, y viene con una nueva sorpresa bajo el brazo: el sketch donde obviamente es el centro, y los famosos son la excusa para festejarlo. Entre las celebridades del 2016, Rodríguez Larreta en bici cuyo mérito es saberse las calles de Recoleta, Urtubey vendiendo choripán y Massa como diariero (hay que reconocer que le da el physique-du-rol). Apagué la tele cuando apareció la diminuta Lali Espósito. Las imágenes dialécticas del pasado que nos hablan del presente… Marcelo trae a los políticos a su fiesta para que hablen de él. En este año macrista, me consuelo: por lo menos no le va a tocar el culo a Karina Rabolini como el año pasado. Qué costo tan alto tiene no estar en la fiesta de la gente, donde la 31 e Iván de Pineda conviven armónicamente. Todo sea por él. Volvió. ¿Volviste?

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