Nuit Debout: convergencia de las demandas

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// Por Roberto Amette – @robertoamette

 

A las 10 de la mañana, en la Plaza de la República, silenciosa, no quedan rastros de las reuniones del día anterior. Sólo los carteles pegados sobre las estatuas que representan la libertad, la igualdad y la fraternidad, mezcladas con velas que aún permanecen allí recordando el atentado de Charlie Hebdo.

Los habitantes de la plaza duermen al sol después de una noche fría. Durante la tarde disfrutarán de la presencia de los “Nuit Debout”, invitados inesperados a su hogar. Un grupo de escolares está sentado en la base de las estatuas, justo debajo de una bandera argentina con la inscripción “Panamá Papers. Macri evasión fuera de la Argentina”.

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A las 18, la plaza tiene otro ambiente. Las reuniones de comisión están a pleno y todo está ya listo para la Asamblea General de las 19.

Un militante del “Polo de Renacimiento del Comunismo en Francia” reparte panfletos en apoyo al Nuit Debout. “La lucha de las Plazas (con P mayúscula) -dice el panfleto- debe ser concebida como un instrumento de y no como una alternativa a la lucha de clases cuyo centro reside en la empresa pública y privada, corazón de la explotación capitalista”. El cierre enfatiza en la necesidad que “hoy más que nunca” tendrían jóvenes y trabajadores de un renacimiento del partido comunista.

Más adelante, se apiñan la comisión de asuntos franco-africanos, numérica y de género, entre otras. Un comedor improvisado reparte alimentos orgánicos producidos en cooperativas. Abogados voluntarios dan asesoramiento jurídico. En medio de las filas, una pequeña carpa dedica su militancia al antiespecismo. “El especismo no es una opinión, el especismo es opresión” reza el cartel de presentación.

La Asamblea General reúne a la mayor parte de los participantes. Sentados sobre el cemento escuchan al moderador, quien reparte alternativamente la palabra entre el público y los participantes de las comisiones.

Todo empieza con la explicación del sistema de gestos que se autoimpuso nuit debout para funcionar. Las manos arriba reemplazan el aplauso, una T con las manos para pedir una interrupción técnica. Los brazos en cruz para manifestar una disidencia radical y un triángulo con las manos para denunciar un comentario xenófobo, machista, homofóbico, racista o discriminatorio. Un gesto, más que los otros, lleno de contenido.

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Vestido con una remera roja estampada con el mapa de África, el representante de la comisión franco-africana lanzó un grito al cielo, “quién se hará cargo de las muertes por agua contaminada en África, quién se hará cargo de los muertos civiles por bombardeos del ejército francés”. Con los ojos todavía en el cielo respondió “Oh! pregúntenle al eliseo!” (el Eliseo es la residencia del Presidente de Francia). La tribuna escucha con emoción.

Del cielo la mirada baja hacia la multitud. “Libertad, igualdad, coraje”, “libertad, igualdad, coraje”. Los gestos no alcanzaron. El público se levantó y golpeó sus manos olvidando las reglas de la asamblea.

Para desgracia de sus suscriptores, al antiespecismo le tocó exponer justo después. El joven, consciente de la situación, se justificó: “no va a ser fácil intervenir después de semejante orador.” No era fácil. Menos para el antiespecismo que, legítimo o no, persigue un bien demasiado abstracto al lado de los males concretos que acababan de denunciarse.

El antiespecismo promueve la igualdad entre especies. El ser humano no es más que una entre tantas otras. No es aceptable, decía, que el hombre oprima a otras especies (habló de los pollos) que no se pueden defender y que no tienen capacidad para organizarse. Cosechó unas 30 manos arriba.

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Las intervenciones siguieron con un rumbo tan errático como el descrito. Al pedido desesperado de crear una “embajada de refugiados” siguieron el reclamo de eliminación de la energía atómica (75% de la energía en Francia) y el pedido de asilo político para Assange y Snowden.

A la intervención de la comisión de género, que resaltó la diversidad geográfica y de demandas de la plaza, siguió la intervención de un SDF (sin domicilio fijo, así se refieren a quienes viven en la calle) quien alcoholizado y con la maldad de un niño dijo:  “Palabras, palabras y nada más que palabras. En esta plaza todos dijeron ser Charlie. Si todos somos Charlie, estamos en la mierda.” Las risas fueron acompañadas de muchas manos arriba.

Un joven, de aspecto sobrio, llamó a tomar la Plaza. Para hacer esto posible, remarcó, es necesario hacerla habitable: “necesitamos baños químicos y camas.” Si concretamos la toma, tendremos motivos para tener esperanza en el futuro. En un año quizás, estemos sesionando en nuestra propia asamblea, en un edificio propio del tamaño de la Ópera de París.

En la asamblea escucha con atención un participante con la máscara de Guy Fawkes (idéntica a la que escondía el rostro de V en V de Vendetta), la misma que se viera días atrás junto con un cartel que llamaba a votar en blanco. Esta estrategia de protesta quizás aparezca como una alternativa a la abstención, que de acuerdo con los datos producidos por distintas consultoras, alcanzó el 65% en la franja 18-34 con un pico de 67% en la de 18-24 en las últimas elecciones regionales.

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Sin embargo, ni el voto en blanco ni la abstención parecen fortalecer las demandas de quienes se congregan en “Nuit Debout”. Por el contrario, este comportamiento electoral ha colaborado con el crecimiento del Frente Nacional (extrema derecha) que lejos está de preocuparse por los sufrimientos que acompañan la migración, por las reivindicaciones de género y seguramente mucho menos por el antiespecismo.

El conjunto de las demandas que por el momento confluyen en la Plaza de la República puede desplazarse hacia alguno de los candidatos que dispute las presidenciales 2017. Es evidente que ese candidato hoy no existe. Pero es evidente también que si de algún sector puede provenir, es de las izquierdas o partidos ecologistas con intención de disputar poder.

Conscientes quizás del clima de época, un grupo de intelectuales y políticos entre los que pueden mencionarse al economista Thomas Piketty o al ex mayo del ˋ68 Daniel Cohn-Bendit (ex diputado europeo por “les verts”) pusieron en marcha la iniciativa “nuestra primaria”.

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El objetivo de la convocatoria, lanzada en enero, es obtener un acuerdo para que las distintas fuerzas de izquierda y ecologistas lleven a las presidenciales un solo candidato. Para ello, promueven un gran debate ciudadano y la realización de una interna entre estas fuerzas. Según el sitio web oficial “notreprimare” la propuesta obtuvo un apoyo del 70% de los votantes de izquierda.

Es que sin dudas sobrevuela el temor de que en 2017, como en 2002 -cuando el balotaje enfrentó a Jean Marie Le Pen y Jacques Chirac-, la segunda vuelta presidencial acorrale a la sociedad francesa con dos candidatos de derecha. Uno de ellos todavía desconocido, el otro, de darse este escenario, nuevamente un candidato del Frente Nacional y nuevamente también un Le Pen, en este caso Marine. De la organización de la izquierda y de los ecologistas parece depender la construcción de un escenario alternativo.

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