Disparen sobre la educación pública

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Foto: @tomasvizzon

El aumento de precios ha dejado a las universidades públicas en una situación asfixiante, con un presupuesto que no les alcanza para llegar a mitad de año. Cómo piensa el equipo educativo del PRO, encargado de administrar el ajuste en un contexto de crecientes protestas de estudiantes y docentes.

 

// Por Rodrigo Espera

 

Las universidades en emergencia

Los rectores de 17 universidades nacionales están sentados en el Salón Norte de la Casa Rosada, a la espera de una reunión en la que discutirán sobre la asfixia presupuestaria que estudiantes, docentes y ellos mismos han denunciado en las últimas semanas. El Presidente Macri abandona el desayuno de ministros en el Salón Eva Perón, atraviesa la Casa de Gobierno y enfrenta a los Rectores para un anuncio breve sin lugar a réplicas: “Esperamos que las universidades nos acompañen en el compromiso que asumimos en París en diciembre pasado en la COP21 para la reducción de energía”.

Los representantes de las universidades conocerán el anuncio para la prensa casi al mismo tiempo que los periodistas. Entre todos, dispondrán de $500 millones para pagar los gastos corrientes que incluyen servicios impagos desde enero, como las tarifas de luz con aumentos del 600%. Los rectores mantienen sus reservas ante el anuncio, son viejos lobos de mar, de tierra y de la contabilidad presupuestaria. Calculan que puede haber sorpresas en la asignación de cuotas entre ellos y que actuales amistades, como aquella que reúne al rector de la UBA y a los rectores del Conurbano, pueden volver a su habitual distanciamiento. Barbieri reclama no menos de un 30% de esos 500 millones, mientras que participa en el total del presupuesto de las universidades por un 17%. Es cierto que el gobierno muestra una pareja propensión a hacerse de enemigos al por mayor como en otros conflictos (el gremial, el tarifario), pero de los errores se aprende y su negociación podría conducirse a una lógica de premios y castigos.

No es éste el único motivo de cautela para los rectores: entienden que la anunciada “ampliación” presupuestaria en realidad es un adelanto del presupuesto ya asignado, que se suele distribuirse durante el último trimestre del año (un changüí al que en la jerga conocen como planilla B). Con este anticipo las universidades tienen dinero para ir tirando por unos meses más, pero sin un verdadero aumento de las partidas, en algún momento el dinero se agotará y estarán nuevamente ante el mismo problema.

Los rectores conocen la trayectoria y la formación de los funcionarios del PRO que diagraman el ajuste. Por eso saben que se viene una época de tira y afloje, un ajedrez en el que tendrán que negociar giros de fondos mes a mes, entre la espada del reclamo en sus facultades y la estrecha pared que ahora el macrismo ha corrido un 1%.

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Foto: @tomasvizzon

 

El PRO y la educación pública, en una relación complicada

En lo sucesivo, el 1150025656 que atiende Esteban Bullrich se fatigará con la discusión de la paritaria universitaria. Un acuerdo elevado podría evaporar en segundos el adelanto de los $500 millones con los que el gobierno pretende comprarse algunos meses en la discusión con los Rectores y las comunidades educativas que los empujan. Aún así, a Bullrich se lo nota tranquilo en en el trato cotidiano. Aunque el ministro de Educación estudió Sistemas y no tiene formación específica en los temas de su competencia, no puede decirse que sea un novato. Ya acumuló siete años de experiencia como ministro de Educación en la Ciudad.

Las circunstancias poco felices en las que había asumido ese puesto son un reflejo de la conflictiva relación del PRO con la enseñanza pública. El primer ministro de Educación que Macri eligió cuando asumió la Jefatura de Gobierno de la Ciudad fue Mariano Narodowski, un académico reconocido por sus investigaciones en Pedagogía. Pero duró poco más de un año en su cargo: tuvo que renunciar cuando se descubrió que había contratado a Ciro James, un espía que pinchó líneas de teléfono y grabó videos de dirigentes docentes y estudiantiles, con el mandato de preparar informes de inteligencia para desactivar las movilizaciones. El principal problema no fue la contratación del espía, que recibía órdenes de Macri a través del Fino Palacios (ex comisario de la Federal) para realizar trabajos de seguimiento de lo más diversos. El espía llegó a intervenir el teléfono del ex cuñado del actual Presidente, viudo de su hermana Sandra y muy resistido por el clan familiar. Lo que detonó la salida de Narodowski fue que la sangre llegara al río; cuando se reveló el escándalo, Macri obtuvo un procesamiento judicial del que solamente se libró después de asumir como presidente.

El reemplazante de Narodowski tuvo aún peor suerte. Macri había elegido a Abel Posse, un jurásico diplomático de las dictaduras de Videla y Onganía, con continuidad en funciones hasta el menemismo. El nuevo ministro de Educación no tuvo reparos en defender públicamente la causa de “los militares ilegítimamente encarcelados que lograron el cometido de aniquilar a la guerrilla en sólo diez meses”. Declaraciones como ésa o que los jóvenes estaban “drogados y estupidizados por el rock” le valieron el rechazo unánime de los organismos de DDHH, docentes, alumnos, académicos e incluso músicos como Lito Nebbia o Andrés Calamaro. A partir de entonces, Macri le encomendó el tronco prendido fuego a Esteban Bullrich, que revistaba como viceministro de María Eugenia Vidal en la cartera de Desarrollo Social.

Acaso por su propensión familiar a hacer el ridículo (Esteban es sobrino de Patricia Bullrich, la controversial y etílica ministra de Seguridad), Bullrich resultó el hombre indicado para la tarea. A primera vista, un observador casual de la política podría considerar que era el peor de los candidatos al puesto. Sin formación en el área, su llegada a la política se había producido de la mano de López Murphy, el ex Ministro de Economía de la Alianza que en 2001 anunció un recorte del 13% en el presupuesto educativo. Luego de acompañarlo como Diputado Nacional, fue su vice en la fallida elección presidencial del 2007 (1,48% de los votos) y cobró independencia cuando lo enfrentó y le ganó en elecciones internas de su partido, el Recrear, con el apoyo del nuevo armado exitoso de Mauricio Macri en la Ciudad, el PRO.

A pesar de haber sido elegido en una responsabilidad para la que nunca se formó, Bullrich no mostró signos de vergüenza y se rodeó de un equipo tan preparado en Educación como él. El grupo compacto de inexpertos quedó bajo la coordinación de un inverosímil jefe de Gabinete que repartía sus horas entre las reuniones con los gremios docentes y la supervisión de su cadena de sushi, Dashi, y el trabajo como director de una compañía en Panamá, Formar Foundation Inc, en la cual el ministro es Presidente.

Si algo destaca a Bullrich, es esa capacidad para convertir sus defectos en virtudes. La decoración de su despacho está dominada por un gran crucifijo, alrededor del cual cuelgan todas las tapas que el diario Página/12 le dedicó por sus fracasos de gestión. Una de las más recordadas fue el 0800 – Buchón, una línea telefónica gratuita para denunciar la realización de actividades políticas en las escuelas porteñas. La medida persecutoria fue presentada como un beneficio para las mayorías que son rehenes de una efusividad política minoritaria. Otros recortes de diario recuerdan la instalación de aulas – containers, en un contexto en el que la subejecución del presupuesto para obras en escuelas alcanzaba el 93%. La experiencia de igualar en el trato a estudiantes y docentes con mercaderías importadas terminó cuando se suscitaron electrocuciones en días de lluvia, pero Bullrich recuerda las críticas con sorna. Un trago más difícil tuvo que pasar cuando implementó el sistema virtual de asignación de cupos en las escuelas, que dejó a 9000 chicos sin vacante al comienzo del ciclo lectivo. “Pido disculpas, y obviamente Mauricio Macri tiene a disposición mi renuncia”, declaró entonces Bullrich, sobre la cuerda floja.

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Macri decidió pagar el costo político de mantener al cuestionado ministro en su cargo y Bullrich fue obediente en la prestación de servicios para la campaña. La cartera de Educación fue una de las principales contratantes de La Usina SRL, la empresa fantasma creada para transferir fondos de la Ciudad a las campañas del PRO. Uno de los socios de la empresa era Fernando Niembro, el frustrado candidato a Diputado por la Provincia de Buenos Aires que dimitió en su postulación precisamente por el escándalo de contrataciones de La Usina. ¿Desconocía Bullrich que había firmado pagos por servicios jamás prestados? En otra muestra de valentía ante el ridículo, el ministro protagonizó un exabrupto barrionuevista desde el piso de Intratables, cuando afirmó en plena campaña electoral de 2015: “los problemas se van a resolver si terminamos de afanar la guita que nos estamos llevando a los bolsillos”.

No sería éste el único escándalo de corrupción en la gestión de Bullrich. La licitación de computadoras del Plan Sarmiento suscitó denuncias de sobreprecios por 185 millones de dólares, con el llamativo dato de que el precio por unidad de esas 200 mil computadoras fue mayor al de las 3 millones de unidades del Conectar Igualdad, que luego Bullrich desmanteló en una de sus primeras medidas como ministro de Educación de la Nación. Paradójicamente, el encargado de anunciar el despido de los 60 trabajadores de Conectar Igualdad fue Diego Marías, el abogado responsable de las contrataciones de La Usina SRL y las notebooks con sobreprecio. Bullrich se lo llevó a Nación como nuevo jefe de gabinete, aunque con un régimen de trabajo part – time; Marías alterna con su otro jefe (político), el tano Angelici, quien lo incluyó en la lista ganadora de las elecciones del Colegio Público de Abogados de la Ciudad.

 

La cofradía del cinismo y la estupidez, ahora con alcance nacional

La calidad del equipo de gestión de Bullrich no se agota en los funcionarios reñidos con la Justicia. Sin haber conocido gente en el área de Educación, cuando sorpresivamente se hizo cargo de la cartera se encontró en aprietos para formar gabinete. La solución llegó a través de su amigo Jorge O’ Reilly, un constructor de barrios privados en terrenos públicos usurpados, quien figura en los cables de la embajada local de los EEUU como gestor de Massa. O’ Reilly es miembro supernumerario del Opus Dei, el sector más conservador de la Iglesia, de donde Bullrich reclutó a las únicas personas con experiencia en educación. En Innovación y Calidad Educativa designó a la Sra. María de las Mercedes Miguel, quien había cobrado notoriedad por prohibir la difusión de materiales sobre el Bicentenario mientras prestaba servicios en Educación de la Ciudad. En aquella oportunidad, Bullrich justificó la censura con un escrito que subió a su página personal: “Creo que ningún jefe de gobierno, ni ministro, ni director de Área debe definir o influir en que los docentes y alumnos utilizen (sic) material con una tendencia ideológica”.

A pesar de que se declara fan de la escritura, el ministro de Educación suele deslizarse por las cumbres borrascosas de la ortografía. En un mensaje en defensa de Mauricio Macri por el procesamiento en la causa por las escuchas, Bullrich señaló: ‘La responsabilidad política la ‘jusga‘ (sic) la gente con su voto‘. La recurrencia de errores como esos llevaron a Marcos Peña Braun, cerbero de la comunicación oficial, a reclamar la contratación de un corrector que los prevenga de nuevos errores en los mensajes emitidos por los responsables de la educación nacional. Motivos de alarma sobraban: quien revista como Secretaria de Calidad Educativa todavía no ha terminado su carrera universitaria.

Esteban Bullrich burro

En el desierto de profesionales capacitados del equipo de Bullrich, quien se erige en hombre clave del ministerio es Max Gulmanelli, Secretario de Gestión Educativa. Gulmanelli es profesor de Filosofía, graduado del Consejo Superior de Educación Católica, y acredita experiencia como docente y director de varios colegios confesionales y como Secretario del Departamento de Escuelas Parroquiales del Arzobispado de Buenos Aires. Uno de sus trabajos más llamativos, aunque hoy no figure en su CV, fue el de Coordinador General de Hogares de Felices Los Niños, la fundación conducida por el pedófilo condenado Padre Grassi. De hecho, en 2003 el rostro de Gulmanelli salía junto al de Raúl Portal en los canales de televisión, cuando reclamaban subsidios del Estado, luego de que tres chicos al cuidado de Grassi lo denunciaran por abuso sexual.

 

Privada es mejor

Si vale aquello de que el gabinete de ministros de Macri es el mejor equipo de los 50 años, el de Bullrich podría consagrarse como campeón educativo de los últimos 100. En su conformación se combinan impericia, corrupción y conservadurismo religioso en dosis similares.

Como modelo de gestión se levanta la experiencia de Educación en la Ciudad, que consideran exitosa a pesar de la sucesión de eventos que habrían hecho renunciar a un ministro con algo más de pudor por la humillación pública. Más allá de los escándalos, las estadísticas revelan que la gestión se ha orientado a postergar la educación pública en favor de la educación privada, en la cual se han formado Bullrich y sus principales paladines.

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Foto: www.sub.coop

De 2007 a 2015, se redujo la participación del gasto en educación sobre el total del presupuesto de la Ciudad de un 30% a un 20%. Sobre esa reducción, se minimizaron los fondos destinados a la infraestructura escolar hasta un irrisorio 1,1% en 2015, mientras que en el mismo año los subsidios a escuelas privadas se llevaron un 16% del total presupuestado, por un total de 2.837 millones. A modo de ejemplo, el Instituto ORT cobra cuotas entre 5000 y 8000 pesos y recibió 2 millones de pesos el año pasado. Mientras los subsidios a la educación privada se incrementaron vertiginosamente, Gulmanelli rechazó solventar dos micros escolares para que los chicos de Villa 31 fueran a la escuela por “falta de presupuesto”. El subsidio negado a los villeros sí le fue concedido a los asesores de Bullrich, a quienes el ministerio Educación de la Ciudad les pagaba sus maestrías en universidades privadas, como la Austral, cuyo costo supera los diez mil dólares por estudiante.

Hasta tal punto han internalizado el retiro del Estado de su compromiso con la Educación que su gestión dio lugar a equívocos, como el de la propaganda en la que el Ministerio de Educación de la Ciudad proclamaba su credo en la educación pública… sobre una imagen del instituto ORT, privado con subvenciones.

ORT

No todos los subsidios son dirigidos a colegios de élite, también los perciben muchas escuelas de zonas más humildes de la Ciudad. Pero los recursos que el Estado ha destinado a subvencionar escuelas privadas han sido desviados del financiamiento que recibían las propias escuelas públicas. El resultado es que en tanto las públicas exhiben año a año mayores déficits, se incrementa la matrícula de las privadas, que es exhibida como argumento para incrementar aún más los subsidios. Si el privilegio de la educación privada era el objetivo detrás de la política de ahogo presupuestario a las escuelas públicas y subsidios a las privadas, entonces puede considerarse que la gestión fue exitosa. De 2003 a 2014, los estudiantes en primarias privadas pasaron de ser un 41% a un 48% del total y en la educación secundaria, donde incluso llegaron a un 50% / 50%.

En el estreno de su política universitaria desde que entraron en funciones en Nación, el PRO presentó como responsable del área a Juan Cruz Ávila, productor de Animales Sueltos. Su designación había sido promovida por Sergio Provenzano, decano de Medicina y médico de la familia Nosiglia… hasta que su hijo “Pancho” desapareciera en el copamiento al cuartel de La Tablada de 1989. Las raíces profundas de desavenencias personales llegan al presente: cuando se destapó el escándalo de corrupción en el Clínicas por el que procesaron a Yacobitti (cobijado por Nosiglia en su meteórica carrera en la UCR), su administración pasó a la Facultad de Medicina, bajo responsabilidad del propio Ávila. El anuncio de Ávila como Secretario de Políticas Universitarias fue leído por los radicales alineados a Yacobitti como una pérdida de poder. La resonante protesta que encabezaron dio sus frutos; Bullrich dio marcha atrás y puso en la Secretaría a Albor Cantard, uno de los rectores radicales del interior (UNL), quien ni siquiera ha conseguido que Bullrich lo atienda para discutir la situación de las universidades.

Más allá de haber concesionado temporariamente al radicalismo la Secretaría que se encarga de las Políticas Universitarias, Bullrich y su cofradía no se han arredrado en su política de ajuste a las universidades. Como lo dejó en claro el propio Macri en la reunión con los Rectores, el apriete presupuestario es una decisión que se ha tomado en la máxima esfera de decisión del gobierno.

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Foto: @tomasvizzon

¿Advierten las luminarias de la educación PRO que en las universidades públicas estudia el 86% de los estudiantes de Ciencias Aplicadas (Arquitectura y Diseño, Bioquímica y Farmacia, Ingeniería, Informática, etc.)? ¿Y que las universidades públicas también concentran el 94% de los estudiantes de Ciencias Básicas (Biología, Física, Química, Matemática)? Precisamente se trata de facultades que mayor urgencia tienen por los gastos que exceden a los salarios docentes, porque sin aumento de presupuesto no pueden pagar los servicios, ni comprar insumos y bienes de capital, ni pagar el mantenimiento, ni sostener proyectos propios de investigación

Esta práctica parece contradecir los dichos del propio Macri, quien en su conferencia junto a Obama dijo compartir “una visión del Siglo XXI, de la sociedad del conocimiento, del desarrollo de la ciencia y el conocimiento, la innovación, el emprededorismo (sic)”. Quizás se pueda encontrar más coherencia con otra de sus declaraciones de campaña, como aquella que profirió acompañado por el radical Giusti desde el estrado de la Facultad de Económicas “¿Qué es esto de universidades por todos lados? Obviamente, muchos más cargos para nombrar. Acá hay que hacer más jardines de infantes. Acá falta que todos los chicos tengan la oportunidad de ir al jardín de infantes. Basta de esta locura”.

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