imagen Vicky y las superficies

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// Por Lola Castets

 

Cuentan en La Matanza que Manuel Xipolitakis enloquece de amor cuando tiene que hablar de sus hijas Victoria y Stefanía. Desde que empezaron su trayectoria artística en Palermo Hollywood Hotel, el padre les advierte sobre los riesgos de trabajar en el espectáculo. Y los horarios. Y les insiste en que se desarrollen laboralmente en la oficina de su empresa constructora en Lanús. Pero hace ya más de diez años que las chicas se negaron a aceptar el deseo paterno y decidieron continuar el camino del estrellato. A pesar de las notables diferencias físicas entre ellas, su primera medida fue presentarse como mellizas. “No tienen ni un pelo de tontas” dice su mamá sobre ellas, afirmación que se trasluce en la construcción de este mito de origen. Las chicas iban juntas a todos lados y daban las notas a dúo. En la dupla, la hermana mayor Stefy era la actriz y Vicky la vedette. Para responder a las expectativas que la sociedad espera de estos roles, la Xipolitakis menor se hizo de nuevo de silicona, se tiñó el pelo rubio-blanco-Barbie y nunca más se bajó de plataformas imposibles de quince centímetros de alto. Con el madrinazgo de la diva Moria Casán, Viky fue primera figura en Brillantísima y se consagró como la reina de la revista en la temporada 2014 marplatense.

De ahí hasta hoy, una sucesión de imágenes. En abril de 2015, posó para una supuesta producción de Playboy en Miami. El proyecto resultó ser una mentira, y la multaron con cinco mil dólares por no poseer la autorización necesaria para desnudarse en la vía pública. Junio de 2015. En un vuelo, los pilotos de Aerolíneas Argentinas le permitieron que ingresara en la cabina y manejara el avión. Enfundada en un catsuit blanco, se sacaron selfies haciendo boquita de pato y tomaron whisky. Las consecuencias fueron drásticas: se inició una causa judicial y echaron a los pilotos. En pleno ojo de la tormenta, las palabras de  su consejera espiritual Moria fueron lapidarias: “Viky tiene una adicción dura, que es a ella misma”. Octubre de 2015. En el cuarto oscuro de las elecciones presidenciales argentinas, se filmó metiendo las boletas de Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa: “Soy muy generosa, y voto a los tres”. Noviembre de 2015. Luego de la humillación y el repudio colectivo del episodio aeronáutico, decidió explotar su faceta de conductora infantil, un recorrido transitado por varias figuras del espectáculo una vez que la coyuntura obliga a mandarse a guardar o bajar el perfil. Viky, que de eso no quiere entender, protagonizó El consultorio de Viky Mouse, una serie de videos en donde utiliza todo el arsenal de Disney para su propio espacio sentimental. El plagio notable al emporio de los dibujos animados hizo que durara poco en la web y que recibiera una nueva advertencia legal.

En diciembre de 2015, Moria Casán cayó presa en Paraguay, acusada de robar unas joyas valuadas en $100.000 dólares. Frente a este panorama desolador, Viky movilizó y convocó a una marcha en el Obelisco de la Ciudad de Buenos Aires. Junto con otras figuras del espectáculo, también discípulas del liderazgo espiritual de la One, se manifestó por la libertad de la vedette en el país vecino. Entre los asistentes a tamaño evento, se encontraba el secretario general de la Juventud Peronista de la provincia de Buenos Aires y diputado José Ottavis. Como en las malas películas románticas, el flechazo fue instantáneo. Él le dijo a todos sus amigos que ella iba a ser su novia, y ella dijo que los grandes amores de su vida han sido feos, así que él no sería la excepción. Del 22 de diciembre hasta hoy, marzo de 2016, los planes de convivencia y paternidad, los mimos en público, el franeleo a la vista de todos en la mesa de Mirtha Legrand, las fotos en Instagram se multiplican, se tornan infinitos. Sobreviene el desconcierto social frente a este romance farandulero, que poco parece distar de los bailes de Carlos Menem con las odaliscas o del amor entre Luli Salazar y Martín Redrado. O de los antiguos y múltiples noviazgos y matrimonios de Macri, ahora resignado pater familiae, padre de Antonia y marido de Juliana. Hay, sin embargo, algo de grotesco en este nuevo affaire; afirmación cimentada en parte por las desproporcionalidad corporal entre los dos integrantes de la pareja. A diferencia de la discreción y el charme  de ciertas mujeres de la política del siglo XXI, Viki no parece dispuesta a marginar su potencialidad simbólica por su vínculo amoroso. En las salidas públicas, Ottavis es el pigmeo que apenas llega a los hombros de Viki, capaz de reposar su cabeza entre las dos tetas de su señora. A esta anomalía cuasi monstruosa se suman, obviamente, las trayectorias de ambos integrantes de la pareja. Ottavis, militante político y ¿ex? Jefe de la bancada bonaerense, tiene un pasado tormentoso con una ex mujer que tiene impedido legalmente ver al hijo que tienen en común. Lisiado emocionalmente, él afirma que estar con la Xipolitakis “le hace bien”. Ella, que dice no entender nada cuando él le habla de política, también nos muestra una pequeña clave de la delicia conyugal: no entenderse es la clave de una pareja pletórica. En tiempos apologéticos de la comunicación, reivindicar su carencia es casi revolucionario. Lo inentendible no es que estén juntos, sino que puedan estar juntos felizmente sin entenderse. Resuenan las palabras de Oscar Wilde: “El misterio del mundo es lo visible, no lo invisible.” Hacer de lo ininteligible una bandera es un gesto que reivindica la paradójica superficialidad que reside en toda profundidad. Tal vez en estas aguas incomunicables se encuentre el misterio del verdadero amor. Hay que correr el riesgo de ser como ellos para poder desentrañarlo.

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